Ando angustiada. Se me apreta el pecho, como si el sostén me quedara chico. Me duele el cuerpo. Me siento ajena a casi todo, a la pega, a mi vida, a Santiago. Me molesta mi casa y a la vez adoro mi pieza.
Llevo dos semanas pensando que me pasa, tratando de analizar sensación por sensación y reconocer de donde vienen. Sé de donde, sólo que aun no llego a dimensionar como las supero.
Extraño a mi ex. No a mi ex marido. A mi ex pololo. Lo extraño pero no desde la perspectiva sufriente de una quinceañera que no sabe con quien ir a su fiesta de graduación porque terminó su historia, o que debe manejar un poco la vergüenza pública de haber sido pateada o de estar sola.
A mi no me cuesta estar sola. Me entretengo conmigo. Pienso tanto a veces que casi puedo sostener un dia entero dialogando solo conmigo misma. Me gusta caminar sola, ver tele sola, ir al cine o a un concierto sola. Creo que esa soledad permite deleitarse con lo que uno es en el entorno en que está. Da libertad.
Pero lo extraño. Lo hago desde la necesidad de abrazo, y de conversa. El fue mi amigo y confidente por un año, quien mejor conoció cada uno de los duros momentos que vienen luego de una separación. Al no estar como pareja, me cuesta sentir la libertad de buscarlo como amigo, de pedirle que me abrace 10 min en silencio solo para sentir que puedo dejar de ser fuerte por ese rato. Y ahi es donde más noto su ausencia.
Estoy angustiada no sólo por eso, el proceso de divorcio es tan duro, tan sucio, tan desmemoriado. Es tan triste ver al que fue mi esposo queriendo hacerme daño como si esto fuera una guerra. Va borrando uno a uno los recuerdos de lo que fue lindo en el matrimonio. Los va matando porque si los conservo pierdo fuerza para luchar, y ahora no es por mi la necesidad de hacerlo, es por mi hijo.
La gente no entiende todo lo que uno pasa con un divorcio. Me ven reir y disfrutar de la libertad física, mental y emocional que conseguí con la separación y olvidan todo lo que hay detrás, todo el precio que se paga. Lo vale, ufff, si que lo vale, pero duele y cansa. No hay dia en que no piense que quiero paz. Que quiero la neutralidad de una vida sin sentir miedo por lo que pueda hacer mi ex, rabia por lo que hace, angustia por lo que falta aun para legalizar y demarcar el terreno, y pena, por ver que ese hombre es el ejemplo que tendrá mi hijo. No es un monstruo, claro que no, pero está dolido, está perdido.
Extraño a mi familia... no como para tenerlos siempre aqui, o como para pensar, por ahora, seriamente en irme a vivir con ellos o cerca de ellos. Pero que ganas de poder una vez cada 15 dias ir y comer "en familia" con una conversa de lo que sea, con ruido en la mesa y muchos platos, y ese calor de cuando somos hartos. Poder disfrutar del "servir el jugo" o esperar mi turno para sacar la ensalada.
Y las lucas.. las sucias lucas. Nunca me han importado mucho. Por suerte nunca han faltado totalmente. Me las arreglo, no me privo de lo que quiero hacer, pero priorizo y negocio conmigo misma, y a veces cansa saber que el trabajo y sacrificio de un mes sólo se puede disfrutar a medias, y sobretodo cuando hay alguien que debiendo sacrificar lo mismo por su hijo no lo hace y sigue dandose todos los gustos que quiere. Resiente eso, dan ganas de decirle que con lo que el compró un par de zapatos (y feos) yo compro dos chaquetas, tres chalecos, dos poleras para mi hijo, una bufanda y me sobran 10 lucas. Siempre trato de pensar que no importa, que yo soy feliz con eso, que me gusta patronato, que me gusta ir a la feria ( y asi es), que sigo disfrutando de salidas y del cine, pero para mi todo eso cuesta, se debe pensar, sacar cuentas, sumar y restar, postergar otra cosa, etc.....
Al final cuando me empiezo a desesperar escucho la voz de mi sabia madre que me dice "Dios proveerá" y asi es, siempre es así. Cuando creo que ya no podré con algo me devuelven plata de la isapre, o sale menos la luz porque cobraron mal el mes anterior. O llega plata extra en la pega, o sale un negocito por ahi. Y si, sigo siendo feliz, aunque no compre en Zara.
Todo esto suena desesperanzado, pero no lo es, para nada. Sólo necesito poder ordenar las ideas, y para eso necesito poder verbalizar lo que siento, desahogarlo y sacarlo de mi.
Conozco mis fuerzas y sé que nada de esto me puede ganar. No, no sería lo que soy y de lo que me siento orgullosa si dejo que cosas tan simples me ganen. Asi que a respirar, respirar fuerte y hondo, y seguir, queda menos, queda mucho menos.
martes 21 de julio de 2009
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