Llevo 2 años y medio sin escribir y siento que no se por donde empezar a hacerlo.
Me separé. Después de 9 años de relación y 2 de penas, contradicciones e inestabilidad cerré ese libro y partí otra vez. Esta vez con más equipaje a cuestas .. mi hijo, lo aprendido, lo superado, las penas pasadas, los sueños perdidos, las prioridades reencontradas, las nuevas trancas también.
Renací. Me reinventé. Bajé de peso. Aprendí a manejar. Conseguí un ascenso. Regalé a mi perro. Cambié de supermercado. Escuché denuevo a Serrano. Escuché denuevo a Silvio. Me corté el pelo. Abracé más a mi hijo. Hablé más con mis papás. Volví a ver mis series. Sonreí.
Me emparejé. No de esos emparejamientos puertas adentro, ni con engrupimientos descontrolados tipo teleserie nocturna. Pero me emparejé. Como lo hago yo, con ganas, probando, tanteando, degustando, pero sin mucho miedo en el camino. No me gusta partir con miedo. Me fue bien y mal. Mas bien que mal. Pero terminó.
Y aqui estoy ahora, otra vez como en memento revisando los recuerdos y los olvidos, tratando de reordenar la mochila y seguir el camino. Mi hijo me acompaña, camina conmigo. Es mi aliado, mi amigo y mi soporte. A veces es mi desconcierto y mi turbulencia. A veces pareciera que es él quien toma mi mochila y me ayuda a seguir avanzando.
A veces tengo miedo. A veces cansancio. La mayor parte del tiempo alegría y esperanza. La vida me va dando sorpresas realmente inesperadas. Mi hijo, la mayor de todas, la más necesaria. Una pareja que me hizo renacer cuando menos lo esperaba. El reconocimiento en mi trabajo. Estoy segura que no pasará mucho tiempo antes que quien sea que me cuida desde arriba me bendiga con algun otro regalo u otra lección.
Al final, la vida es eso, una lección continua, una fiesta permanente.
jueves 2 de julio de 2009
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