jueves 4 de febrero de 2010

A propósito de la nueva ley de discapacidad

En el casino de mi trabajo hay dos sordomudos. El se llama Charlie y ella .. no lo sé.
Hace un par de años llegaron al casino dentro del programa que tienen para inclusión de discapacitados.

Se cayeron bien. Ella es bajita y clara. El alto y moreno. Ella gordita. El demasiado flaco.

Como un año o dos después de conocerse, se casaron. Tuvieron un bebé, que afortunadamente no es discapacitado auditivo.

Parecían felices en el acto de navidad del jardin donde su hijo y el mío estaban hace poco más de un año.
Bueno, mi ex y yo también disimulamos frente al resto. Claro que no nos sacamos fotos juntos.

Hace unos 6 meses, mientras él me preparaba un omelette, "conversamos". Casi siempre lo hacía. Con él y con ella. Yo trataba de entenderles, ellos trataban de sentirse escuchados. Y con esfuerzo, hablabamos.
Fue asi como supe lo de su guaguita, que ya decía mamá y papá. Que ya estaba empezando a caminar. Que estaban cansados, o que no habían podido tomar más fotos del acto que las que yo saqué y debo mandarles.

También fue asi que Charlie, en medio del omelette, me contó que estaban separados. Que no podía ver mucho a su hijo, y que ella lo tenía absolutamente cansado.

Ella me habla menos. La cambiaron a los postres y es poco lo que podemos hablar ahi. Es reducido el espacio y hay mucha concurrencia. Pero se veia triste.

No sé porque me impactó tanto saberlo. Quizas porque se les veia triste a ambos. Quizas porque era tan romántica e idilica su historia, de comunicacion y amor, que esperaba que no terminara.

Pensé mucho lo dificil que debe ser para ellos discutir, lo dificil que debe ser pedirle al otro que se calme cuando está alterado o no quiere hablar. Lo dificil que debe ser no poder gritar o decir algo, cuando el otro cierre la puerta que los separe.

Y entendí.
Si para nosotros que tenemos oido para escuchar si el otro llora o murmura algo y voz para consolar (o herir), para pedir y para perdonar, se nos hace tan dificil poder comunicarnos bien, que más para quienes tienen esas limitaciones.

Y pensé.
Pensé que quiero poder siempre hablar cuando pienso algo, gritar cuando tengo rabia, susurrar cuando quiero cercanía, cantar cuando estoy feliz, y decir te quiero cuando me nace, y no olvidarme que eso es necesario, imprescindible.

Y pensé también que debo escuchar, que a veces hay que callar.
Y que el silencio, a veces, trae paz.